viernes, 6 de marzo de 2015

Rock&Roll

Raro y difícil se me hace volver a este mundo virtual que tenía ya tan olvidado, la pachorra y tranquilidad son buenas amigas, pero algún día tenía que darse el caso. Vista la fecha de la última entrada no se muy bien por donde empezar aunque imagino que, como todas las historias, será por el principio. Por lejos que quede noviembre.

La vuelta a casa, con casi tantas ganas de roca como de fiesta (difícil compaginar las dos), fue cuanto menos intensa. En dos semanas había que condensar muchas cosas y gente que quería ver así que , lógica y desafortunadamente, no fui capaz de cumplirlo. Más aún si le sumamos las trabas que suponen las comilonas y celebraciones que suelen abarrotar estas fechas tan felices y dicharacheras, que no lo digo yo, lo dice el Corte Inglés. Las resacas, siestas y ratos de estudio redujeron a poco más de tres visitas el reencuentro con la roca Oregonesa. Como dirían los más pizpiretos, corramos un estúpido velo sobre estos quince días de niebla y noches nublosas para volver al patio de recreo de los alpinistas europeos.

Resumen Navidades


Tras una brevísima tanda de exámenes y con una copiosa nevada en Lausanne, no tardé mucho en huir -¿por qué? es la pregunta- a destinos más calurosos. O eso me creía yo. Sin más ni menos, me encontré sumido en el caos más atrayente y atractivo que he presenciado nunca: el vals motociclado  y casi autómata de Nápoles. Así es, deje la tan ansiada nieve (más aún después de traerme los esquís a Suiza) para darle un homenaje al body e hincharlo de sfogliatellas, pizzas, fritos, porchettas y demás lujurias gastronómicas italianas que no voy a seguir enumerando o mi teclado acabará sumergido en saliva con solo recordarlas. Vuelvo a repetir que, aunque parezca insólito, esto es un blog de montaña así que las crónicas viajeras y diarios de bitácoras se los dejaremos al compai Antonio y nos saltaremos los más de 15 días que pase de nómada por Italia y Budapest. ¡Gracias a los anfritiones desde aquí!












Volviendo a la realidad -¡bendita realidad!- el mismo fin de semana de mi vuelta se me planta la oportunidad de oro delante de mí: fin de semana de esquí, cerveza e inmersión francolinguistica obligatoria. ¿¡Que más se puede pedir!? ¿Sol? ¡NO! A tanto no llegamos, al fin y al cabo, esto es Suiza y su meteo es particular; por el contrario, pudimos disfrutar de la fresca y recién caída nieve polvo. Personalmente, tras dos añitos de parón esquiador, la disfruté, la merendé e incluso la recené a base de desengrasar los esquis. Y doy fe que estaba más fresca que la merluza de la pescadería.



Después de dos días de mucho esquiar y poco dormir -la Pirámide y el PimPamPum traspasan fronteras-, vuelta a las clases y rutinas semanales. Pero vista la rutina de este febrero, la cosa no podía parar aquí así que, tras una vuelta a la roca en St Loup de la mano del rastafari Robin (hacía más de un mes de la última salida), hace justo una semana me encuentro embarcado en un viaje a un paraíso calcáreo italiano: Finale Ligure. Un inicio de viaje muy loco -me enteré del viaje una hora antes de salir-, está claro que compañeros desconocidos, buen tiempo allá por la costa mediterránea y unas ganas locas de tres días desenfrenados de escalada. La verdad que no pudo ir mejor, el tiempo aunque amanecía nublado siempre tornaba a sol, la roca espectacular -Andrés, hay que hacer un estudio en esta escuela de cantos TOP porque no es normal- y la compañía resultó mucho más que agradable. Si a esto le sumamos los encantos de Italia, sus aperitivos y un par de 7bs al flash en el día tenemos como resultado un fin de semana redondo, poniendo a punto el tendón. A falta de fotos, con las prisas me olvidé la cámara en casa así que estoy a la espera de que Gael me envíe las suyas, os dejo un vídeo de la escuela para que os suden un poco las manos.

Jérome, Gaelle et Mathieu merci pour le weekend qu'on a passé à Finale.
On doit retourné pour manger plus biscotti et gnocci di patate!!
Et encore pour grimper, bien sûr.

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